"Moriré una vez y otra, y sabré que es inagotable la vida" (Rabindranath Tagore)

viernes, 6 de febrero de 2026

La Clepsidra de Plata

 
La luna fue nuestra clepsidra: un círculo vacío que se iba llenando lentamente para recordarnos el tiempo que nos quedaba juntos. Poco a poco, aquel círculo mágico se completó; brillante y blanca, la perla del cielo anunció en todo su esplendor el fin del sueño. Todo había terminado.

Mientras la luna iluminaba el firmamento, yo regresaba a la oscuridad más profunda. Un lugar donde ya no quedaban lunas, ni soles anaranjados que calentaran arenas ardientes e infinitas, ni embarcaderos bañados por agua fresca que señalaran el camino a casa. Solo oscuridad. Vuelvo a las tinieblas donde no existen los sueños, donde no hay días ni noches; tan solo el vago reflejo de una existencia que fue, que sintió, que vivió y que amó... y que ahora es solo un espectro hueco incapaz de albergar luz alguna.

En los resquicios de lo que alguna vez fue un alma inquieta, vibrante y libre, resuena de vez en cuando un hilo de voz lejano, ahogado en llanto: —Tengo que volver a casa.

Unas manos fantasmales sostienen un blíster. Extraen una pastilla y la contemplan en la palma de la mano: es blanca, redonda y lo único que brilla en la penumbra, igual que la luna.

—No queda nada aquí —susurré—. ¿Podrás llevarme tú a casa?

—No —respondió aquella pequeña luna artificial y envenenada—, pero puedo ayudarte a que la olvides. Así no la echarás de menos. Terminaré con tu melancolía, con todo lo que añoras, y encontrarás la calma en esta oscuridad.

—¿Y no habrá nada que duela, pequeña luna artificial?

—La nada no duele, pequeña amiga. Duelen los recuerdos, las heridas, la nostalgia, las ausencias, las traiciones y los miedos... pero no la nada.

—¿Desaparecerá mi casa y todos los recuerdos que le he ganado al tiempo?

—Sí, mi niña. A cambio, no sufrirás y volverás a ellos cuando todo acabe; cuando lo que quede de ti se funda para siempre con aquella tierra que siempre has amado.

—¿Serás mi luna cada noche hasta que todo termine?

—Lo seré. Tú, a cambio, me darás tus sueños, tus ilusiones, tu risa y tu corazón, que latirá más lento. Y cuando llegue el momento, ya no me necesitarás; entonces volverá la luz y regresarás a casa.

Temblando, acerqué aquella pequeña luna a mi boca y la tragué, permitiendo que comenzara a orbitar en mi interior para que se llevara todo lo que le había entregado. Me senté en la oscuridad y, simplemente, esperé. Esperé a la luz, a la barca y al embarcadero del otro lado del río. Esperé a las sonrisas y a los brazos abiertos.

Esperé, simplemente, el momento de regresar a casa.


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